Recopila datos previos suficientes para estimar variabilidad por tarea y por persona. Controla estacionalidad, carga de trabajo y cambios de proceso. Asegura que el muestreo represente la realidad, no solo días favorables. Si no existe histórico, usa sprints piloto controlados para crear referencias creíbles. Documenta supuestos y revisa mensualmente. Una línea base sólida te ahorra debates interminables cuando presentes resultados, porque el método se vuelve tan confiable como los números que lo respaldan frente a distintos públicos interesados.
Combina velocidad y calidad: productividad efectiva = entregas aceptadas por hora ajustadas por retrabajo. Incorpora micrométricas como tasa de sugerencias aceptadas, edición por token y latencia promedio. A nivel de equipo, pondera coordinación y bloqueos. Mantén las fórmulas comprensibles, con variables observables y trazables. Evita normalizaciones oscuras que nadie entiende. La claridad matemática crea confianza cultural y reduce resistencia, fomentando que más personas propongan mejoras y validen hipótesis con datos compartidos, interpretables y accionables de manera consistente.
Cuando suben los números, ¿cuánto proviene realmente de la IA? Aísla efectos controlando lanzamientos paralelos, aprendizajes humanos y cambios de mezcla de tareas. Emplea grupos de comparación y periodos espejo. Si la mejora desaparece al retirar la asistencia, la contribución es fuerte. Si persiste, quizá hubo formación o simplificación de procesos. Documenta estos hallazgos y compártelos abiertamente, invitando a debate. La honestidad fortalece decisiones futuras y ayuda a refinar inversiones sin caer en atribuciones ilusorias o exageradas.